Hace ya unas semanas que un spot televisivo de un automóvil X me está trastornando la cabeza. En él caben slogans que me hacen bastante sentido para un paradigma crítico declarando algo así como: “te dicen que hacer, en que trabajar, que comer, como vestirte…” Y lo mismo con uno de un perfume de Paris Hilton.
La industria de la comunicación está llegando ya muy lejos con esto. La necesidad de consumir que ha generado los mass media en el mundo y en especial acá, hogar del triunfo del capitalismo salvaje, no tiene límites y traspasa cualquier forma cultural que encuentra a su paso. Se adapta a ella, la utiliza. Cuando hace unos años trataban de encajarte un producto te ofrecían un mundo de control y felicidad, de superfluos romanticismos, del sueño americano. Eran los portavoces del devenir de un proyecto de mundo donde tú tenías un lugar predefinido o elegías que prototipo de mujer u hombre lograrías ser de acuerdo a tu poder adquisitivo. La niña era una Barbie frágil, tierna y delicada, el niño un Superman viril y recto. Se tenía a la dueña de casa, la supermodelo, el maestro simpaticoide y el gerente exitoso. Siempre con el espíritu de escalar socialmente, aparentar, por último. De por sí ya era vomitivo pero ahora han tocado algo sumamente delicado, se han volteado a utilizar como nicho comercial valores contrarios a su propia lógica y empollar en ellos sus pútridos huevos; hablo de la rebeldía, la conciencia, la originalidad y la libertad.
La industria de la comunicación está llegando ya muy lejos con esto. La necesidad de consumir que ha generado los mass media en el mundo y en especial acá, hogar del triunfo del capitalismo salvaje, no tiene límites y traspasa cualquier forma cultural que encuentra a su paso. Se adapta a ella, la utiliza. Cuando hace unos años trataban de encajarte un producto te ofrecían un mundo de control y felicidad, de superfluos romanticismos, del sueño americano. Eran los portavoces del devenir de un proyecto de mundo donde tú tenías un lugar predefinido o elegías que prototipo de mujer u hombre lograrías ser de acuerdo a tu poder adquisitivo. La niña era una Barbie frágil, tierna y delicada, el niño un Superman viril y recto. Se tenía a la dueña de casa, la supermodelo, el maestro simpaticoide y el gerente exitoso. Siempre con el espíritu de escalar socialmente, aparentar, por último. De por sí ya era vomitivo pero ahora han tocado algo sumamente delicado, se han volteado a utilizar como nicho comercial valores contrarios a su propia lógica y empollar en ellos sus pútridos huevos; hablo de la rebeldía, la conciencia, la originalidad y la libertad.



