Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos | El Activista

domingo, 5 de junio de 2011

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

(“Para comenzar este texto quiero aclarar que en el, no pretendo decir la verdad, ni menos buscarla, sólo es una humilde opinión de un individuo equis que no es ni mejor, ni peor que tú”).

Estos últimos meses tanto en Chile como en otros países del mundo, han crecido considerablemente las manifestaciones sociales, ya sea, en solidaridad con los presxs políticos, con los pueblos originarios, contra los Transgénicos, Hidroaysén, movimientos estudiantiles, entre muchos otros. Miles de personas en cada rincón del país han salido a la calle a gritar y a demostrar su rabia y descontento ante lo que estamos viviendo. Todos lo han manifestado de diversas formas, algunos de forma pacífica, otros de forma violenta. A raíz de esto, se ha criticado cuál de esta es más, o menos aceptable y muchos han criticado la forma de actuar de ciertos grupos denominándolos “violentistas”. Considero que ambas formas de lucha son validas, respetables y legítimas.La violencia es totalmente legítima, no hay que expresarla, refleja la rabia, los arrebatos, las penas, las impotencias y el odio. Ante un sistema impuesto y represivo en donde ellos utilizan su violencia para aterrorizarnos día a día, haciéndonos creer que otra realidad no es posible, que no existe nada mejor, que es “natural” este estado de las cosas y que esta es la mejor vida a la cual podemos “acceder”, nos hacen pensar que debemos adaptarnos y resignarnos a vivir como ellos quieren ,haciendo, viendo, comiendo, usando, pensando, hablando y actuando como ellos quieren que lo hagamos, y a su vez haciéndonos entender que no encajar, no está permitido. La violencia es legítima, porque ellos han utilizado a su beneficio la fuerza a diestra y siniestra, durante años han matado, torturado y asesinado a millares de obrerxs, mapuches y jóvenes por el único hecho de luchar y pensar distinto. Hoy la fuerza es soberana, esto queda al descubierto cuando el gobierno abusa del pueblo sin otra arma que la represión y la fuerza, por ende, a la fuerza no se la domina con razones: a la fuerza se la domina con la fuerza. El derecho de rebelión es imprescindible, es para todos y todas. La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte. Ninguna revolución se ha llevado a cabo sin la rebeldía de miles de idealistas, quienes creían en un mundo mejor para TODXS. Sin ella, los pueblos vivirían aún de rodillas ante los principios de un ser divino, aún seguiríamos más esclavos de lo que hoy somos. Los rebeldes han hecho avanzar a la humanidad a lo largo de toda la historia.

Todo tipo de manifestación, protesta, desobediencia, acción, de lucha son validas. Todos los gritos son validos mientras se hagan en el nombre de la rebeldía, rebeldía a aceptar y acatar vivir tan predestinada y dominadamente. Ocupemos esta seudo “libertad” que tenemos para decir, pensar, hacer, gritar, sentir y soñar lo que queramos, este es nuestro único intento de romper nuestras cadenas, para ser libres; para ser al fin felices. Seamos lo que queramos ser sin permiso. Cada uno puede poner su grano, todos podemos luchar por lo que queramos. Cada lucha es un complemento, en la que tenemos que retroalimentar nuestras conciencias e ideas y no dividirnos más de lo que ya nos quieren hacer creer que estamos.

Sigamos saliendo a la calle sin permiso, no lo necesitamos. Todas las luchas son ramas de una misma raíz: el estado y el capital, ellos son los verdaderos culpables de todos nuestros males. Mientras comprendamos que nuestros males no se deben a insuperables fatalidades naturales, sino a causas humanas que nosotros mismos podemos destruir, cuando entendamos y nos hagamos conscientes de esto, nada podrá desviar nuestra atención. Aprendamos a luchar juntos, porque el enemigo es el mismo en todos los casos. Sin partidos, ni derecha, ni izquierda, sin colores, sin banderas, ni fronteras todos somos iguales, mientras logremos entender esto nadie podrá separarnos, llevemos el discurso a la acción, tratemos de ser consecuentes con nuestra ética y nuestros principios: con nosotros mismos.

La invitación está hecha, la hacemos todos, a cada instante. Bienvenidos sean todos y todas, hagámonos dueños de nuestras propias vidas, que la rebelión penetre en todas las conciencias. Cuando el descontento crece y el malestar se hace insoportable la protesta estalla al fin, y se inflama el ambiente.
¡A la calle, ahora!

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